Leí este poema y sentí que entraba en un rincón silencioso de tu alma, donde el pensamiento respira y el mundo se desacelera. Tus palabras envuelven como el humo que describes: suaves, pero con peso; sutiles, pero llenas de verdad.
Hablas del fuego inquieto que todos llevamos dentro… y de ese acto tan humano y tan frágil de detenerse, contemplar, respirar. No haces apología de un hábito, sino retrato de un momento: ese instante sagrado donde el pensamiento encuentra su morada, lejos del ruido, cerca de lo esencial.
Y te confieso que justo esto es lo que yo necesito en estos momentos: reposo y paz. Estoy en una etapa en la que quiero hacer mucho, me siento llamada a tanto… pero ya estoy agitada. No quiero parar porque el corazón ama lo que hace, pero el cuerpo y el alma comienzan a susurrar… y necesitan ser escuchados. Tu poema me lo recordó con dulzura, sin juicio, como lo hace el Espíritu cuando habla a través de quienes amamos.
Gracias por compartir este espacio tuyo. Gracias por recordarme, una vez más, que en medio del mundo que corre, el alma necesita reposo. Y que tú, con tus versos, me lo devuelves.
Wow, que palabras tan dulce e iluminada. Gracias vieja mía. Tus sacrificios, oraciones y liderazgo me han dado la fundación requerida para caminar el camino de Él.
Hijo mío,
Leí este poema y sentí que entraba en un rincón silencioso de tu alma, donde el pensamiento respira y el mundo se desacelera. Tus palabras envuelven como el humo que describes: suaves, pero con peso; sutiles, pero llenas de verdad.
Hablas del fuego inquieto que todos llevamos dentro… y de ese acto tan humano y tan frágil de detenerse, contemplar, respirar. No haces apología de un hábito, sino retrato de un momento: ese instante sagrado donde el pensamiento encuentra su morada, lejos del ruido, cerca de lo esencial.
Y te confieso que justo esto es lo que yo necesito en estos momentos: reposo y paz. Estoy en una etapa en la que quiero hacer mucho, me siento llamada a tanto… pero ya estoy agitada. No quiero parar porque el corazón ama lo que hace, pero el cuerpo y el alma comienzan a susurrar… y necesitan ser escuchados. Tu poema me lo recordó con dulzura, sin juicio, como lo hace el Espíritu cuando habla a través de quienes amamos.
Gracias por compartir este espacio tuyo. Gracias por recordarme, una vez más, que en medio del mundo que corre, el alma necesita reposo. Y que tú, con tus versos, me lo devuelves.
Con amor, Mamá
Wow, que palabras tan dulce e iluminada. Gracias vieja mía. Tus sacrificios, oraciones y liderazgo me han dado la fundación requerida para caminar el camino de Él.