Why I Smoke
(a villanelle)
I smoke to think, to still the restless fire, To slow the hours that hurry through the day; The ember glows upon my small desire.
A curl of blue ascends, a thin, soft choir, It hums of patience, reason, calm delay; I smoke to think, to still the restless fire.
Each leaf once green now speaks of what will tire, Of haste that fades, of passions burnt away; The ember glows upon my small desire. The world runs fast — its ends forever higher, Yet wisdom walks the older, quieter way; I smoke to think, to still the restless fire.
In silence drawn from ash, I don’t aspire To conquer, only breathe and then obey; The ember glows upon my small desire.
So let the storm of striving men conspire, My peace is here, where thoughts and smoke can stay; I smoke to think, to still the restless fire, The ember glows upon my small desire.


Hijo mío,
Leí este poema y sentí que entraba en un rincón silencioso de tu alma, donde el pensamiento respira y el mundo se desacelera. Tus palabras envuelven como el humo que describes: suaves, pero con peso; sutiles, pero llenas de verdad.
Hablas del fuego inquieto que todos llevamos dentro… y de ese acto tan humano y tan frágil de detenerse, contemplar, respirar. No haces apología de un hábito, sino retrato de un momento: ese instante sagrado donde el pensamiento encuentra su morada, lejos del ruido, cerca de lo esencial.
Y te confieso que justo esto es lo que yo necesito en estos momentos: reposo y paz. Estoy en una etapa en la que quiero hacer mucho, me siento llamada a tanto… pero ya estoy agitada. No quiero parar porque el corazón ama lo que hace, pero el cuerpo y el alma comienzan a susurrar… y necesitan ser escuchados. Tu poema me lo recordó con dulzura, sin juicio, como lo hace el Espíritu cuando habla a través de quienes amamos.
Gracias por compartir este espacio tuyo. Gracias por recordarme, una vez más, que en medio del mundo que corre, el alma necesita reposo. Y que tú, con tus versos, me lo devuelves.
Con amor, Mamá